29/01/2015

Augusto de día, Augusta de noche

Yo debo dar las felicitaciones a ella – la ciudad de São Paulo, puesto que no es muy eventual que algo (¿o debería decir alguien en este caso especial?) complete 461 años – muchísimo bien vividos, por cierto. Me quedo imaginando cuantos son los cuentos aquí pasados en este largo periodo, en esta tierra de gente que desea crecimiento. Haber estado aquí en este día especial y tener participado de sus conmemoraciones fue algo fantástico. Entonces, ahí va: ¡enhorabuena, megalópolis desvariada!
Sobre estas líneas escritas de reflexión crítica, la idea se me ha surgido mientras caminaba por una calle vecina, la famosa Calle Augusta, en la cual, en el día 25 de Enero tenía en su asfalto una pequeña (y encantadora) tropa de seis caballos coloradamente ornamentados para las festividades de la fecha. Acompañado por el ritmo de los trotes y de las bocinas, se me ocurrió en la mente: “¡Qué bizarra es esta mezcla del típicamente rural con el absurdamente urbano – caballos en plena Calle Augusta!” – pensé conmigo.
“Las cosas por la noche son bastante diferentes de eso”, imaginé.
Sumando el hecho de que la Calle Augusta es un patrimonio histórico-cultural de la ciudad y del país y es parte fundamental de los muchos años de esta urbe más el contraste excéntrico de lo que se puede ver en sus caminos de día y de noche, surgió el pensamiento de este texto: bajo la luz del sol lo que percibimos es lo más tradicional, lo no-mucho-diferente del contexto del concreto – paseos de familias, áreas comerciales y los trayectos de la gente con corbata; ya bajo la sombra de la luna vemos que es una zona de reunión de muchas tribus urbanas con mucha o poca ropa, de muchísima fiesta y de intensas opciones alternativas. Si el turismo mundial busca por el auténtico y el genuino seguramente aquí podemos respirar el aire típicamente ‘paulistano’.
Para que entendamos el escenario la Calle Augusta tiene fecha de 1875 y cargaba el nombre de ‘Maria Augusta’. Su extensión va desde la Calle Colombia a la Plaza Roosevelt, uniendo los Barrios del ‘Centro’ al ‘Jardins’. Su esplendor se le llegó en los 50´s y los 60´s cuando el sitio simbolizaba glamour con sinónimo de diversión – añadido con las tiendas sofisticadas y grandes boutiques, representaba el lujo de Brasil.
Sabiendo de eso me imagino yo mismo en una escena típica de las películas de esta temática: los jóvenes, brillantes en sus pelos como deberían ser, marchaban a la Augusta en sus coches envenenados yéndose para los embalos de sábado a noche.
Adelantándonos en la regla del tiempo, ya en los 70´s, la decadencia de la Calle se inició cuando los shoppings centers contaminaron el trayecto y el tránsito (ay, el tránsito de la ‘Paulicéia’) puesto que ambos ya comenzaron a paralizar el flujo natural de las personas. Además, el meretricio era una actividad que empezaba a dar sus señales – y que siguen hasta hoy, con menos fuerza.
Como curiosidad, el nombre Augusta viene de una razón más asociada a la realeza portuguesa que a un homenaje para alguien en específico; no obstante, como aquí estamos discutiendo su valor turístico, artístico y cultural podemos concederla a ella el título real de Primera Emperatriz de São Paulo.
Interesante también es saber que nuestra arteria-artística se divide imaginaria y socialmente en Alto Augusta y Bajo Augusta (me suena como si fuera el Egipto Antiguo, aunque sin pirámides e faraones pero con divinidades y colores). La región Alta que se va por el sentido ‘Avenida Paulista – Jardins’ es frecuentada por la gente menos alternativa y por aquellos que buscan elementos un poco más ostentativos. La región Baja que se va por el sentido ‘Avenida Paulista – Centro’ tiene su movimiento concentrado en los jóvenes universitarios, modernitos y los neo-hippies.
A parte de su biografía, el hecho es que – si me fuera permitido concluir después de cinco años viviendo a pocos metros de ella – la dualística de los sentimientos es obvia: cuando se habla de la Señora Augusta no hay medias sensaciones; ¡o se la ama o se la odia!
Esto aclarado, pasamos ahora al título de este texto. Importante saber que tal no hace referencia a la sexualidad – quizá a la sensualidad si entendida como la consciencia del sentir. Sentir, en este caso, la Calle Augusta como el retrato fiel de la diversidad, de la energía y de la vida de los ‘paulistanos’. El hecho de cambiar la ‘o’ por la ‘a’ indica transformación, mutación y movimiento, en nada permanentes.
Se refiere, por lo tanto, al intercalar temporal de los papeles que todos vivemos en la vida diurna y nocturna y a los maquillajes que nos ponemos para que nos encuadremos en cada uno de los periodos del día. Retrata las máscaras sociales ya exhaustivamente conocidas y refleja sobre el teatro de la vida y todos los actos ensenados – sea en nuestro cotidiano ordinario o en nuestros viajes extraordinarios.
En esta línea de pensamiento, así mismo como nosotros el turismo presenta rostros muy distintos de día y de noche. En realidad, el turismo practicado por el día es completamente diferente de aquél practicado por la noche.
Los rayos del sol evidencian algunas bellezas y dan vivacidad a los paseos al mismo tiempo en que encubren la identidad más natural de las personas y de los lugares. Ya el reflejar de la luna pone más encanto y bucolismo a los ambientes, pero también iluminan los rostros y libertan las narrativas. El día en él mismo es más activo, más alborozado y más formal; la noche se presenta más extravagante, más curiosa y más laberíntica.
Los viajes por la noche son más románticos; los practicados de día son más realistas. ¿Lo importante? Saber que eso depende de la intención del viajero. El recorrido puede ser el mismo pero todo aquello que no es interesante diurnamente puede serlo en la nocturnidad. Tengamos claro que la noche no está necesariamente vinculada con excesos o descomedimientos y sí tiene que ver con el aflorar de la percepción del turista en relación a los ambientes más genuinos y crudos, así dicho.
El día muestra efectivamente al viajero los aspectos convencionales, internacionalizados y publicitados de los destinos y por eso se configura importantísimo. Pero hay que tener en cuenta que para una experiencia completa y significativa del viaje hay que exhibir el otro lado, cuando llega la noche.
Si nos ponemos a pensar en otros destinos turísticos que no únicamente la Calle Augusta muchos ejemplos caben en estas reflexiones. A ver: la Roma del día es bíblica; la de la noche es pan y circo. El Rio de Janeiro del día es sol y playa; el de la noche es bohemio. La Londres del día es casi siempre fría; la de la noche es definitivamente caliente. Tel-Aviv del día es más lamentación; la de la noche es mucho más diversión. Dubái del día es musulmana, la de la noche es indiferente al credo. La Calle Augusta del día es terno; la de la noche es tierna…
Entonces, recorriendo los caminos de la Calle de día lo que percibimos es que mismo que sepamos que el negocio sea la negación del ocio me parece que allí la mezcla es posible y muy bienvenida – al mismo tiempo en que los que se mueven hacia la Avenida Paulista cargan consigo sus bolsas ejecutivas, los que se mueven en sentido contrario disfrutan de las bellas tardes ‘paulistanas’ aprovechando los bares, ‘botecos’ y botequines, legando a este espacio una atmosfera especial y única.
Es una combinación de edificaciones de la modernidad con residencias de siglos anteriores, de tiendas de ropas antiguas y libros viejos que fulguran el pasado con tiendas de trajes que indican tendencias futuras. Marchamos desde el culto al cuerpo al culto religioso, de los bancos de comercio oficial a las bancas de transacciones no tan oficiales así, de restaurantes de calidad dudosa a fast foods multinacionales. ¡Por Dios! “¡Realmente el concepto de aquí-hay-de-todo se aplica perfectamente allí!” – comento yo.
Llegada la noche las cosas se encienden. Tengo la sensación de que en Augusta ni todos los gatos son pardos. No hay temor en exponer una personalidad cult o de interpretar, cada uno a su manera, el arte en grafito estampado en los muros públicos o las músicas entonadas por uno u otro.
Las intervenciones cool son muchas y el espacio de convivencia pacífica entre los trabajadores del día con los de la noche revela que lo más importante es ser ‘Augusticamente’ correcto. Todos los que aprecian la Calle seguirán así, entorpeciéndose de la cultura y de la diversidad.
Nocturnamente, los Augustos y Augustas de la vida circulan tranquilamente puesto que pueden reafirmar sus identidades y mostrar quienes son.
Por fin, es obvio que entendemos la grande variación que existe entre el día y la noche – lo que nos pasa desapercibido son las alteraciones en nuestro comportamiento de acuerdo con la presencia o ausencia de la luz solar. ¿Por qué no aprovechar esa transformación como atractivo para una experiencia de viaje?
Transformemos el negocio solar y el ocio lunar (o viceversa) en un momento de encantamiento al turista, de descubiertas y de aprendizajes sobre la realidad local.
¿Quién jamás ha dejado de inspirarse con el poner del sol? ¿Quién nunca ha visto la noche cambiarse en día? ¿Quién jamás salió de casa de día siendo uno y regresó por la noche sintiéndose otro?
Por eso, enhorabuena a la ciudad de São Paulo, felicitaciones a la Calle Augusta y congratulaciones a todos los que quieren descubrirse y descubrir el mundo mirando a sus ‘los’ en el sol o a sus ‘las’ en la luna.

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