17/02/2021

Destinos de 'sol y playa' o cuando se democratizaron las vacaciones

En los últimos años se han vertido críticas sobre el modelo turístico de ‘sol y playa’. Se le acusa de no aportar valor a los destinos donde se desarrolla para los turistas, los trabajadores o la población local. Tal y como lo conocemos hoy en día, este modelo es consecuencia de muchos factores y del devenir histórico europeo acontecido entre los siglos XVIII y XX.

Encontramos los orígenes del turismo en Europa en el Grand Tour. Las familias inglesas más relevantes enviaban a sus hijos, siempre varones, a realizar viajes por el continente que podían durar desde seis meses a varios años. No eran viajes muy aventureros porque iban acompañados por criados y tutores. La finalidad era “conocer mundo” pero de un modo instructivo, que les sirviera para en el futuro desempeñar cargos como políticos, diplomáticos o dirigir sus empresas. Empezaban en Francia, después se dirigían a Suiza y terminaban en el punto más importante de viaje: Italia. Venecia, Florencia o Roma eran los puntos principales de ese periplo.

En el siglo XIX el desarrollo de las rutas de ferrocarril supuso un primer paso. Thomas Cook diseñó en 1841 el primer viaje organizado para trasladar a 500 personas desde Leicester a Loughborough para participar en una manifestación contra el alcohol. Poco a poco, nos vamos acercando al turismo tal y como lo conocemos ahora, pero aún nos falta un paso, el tráfico aéreo. En los años 60 y 70 nos encontramos el uso del avión como transporte para llevar turistas a su destino de una forma más organizada y cuantitativa. En el caso español habría que añadir las infraestructuras hoteleras que florecieron en todos los destinos importantes como las islas, Costa Blanca o Costa del Sol.

La irrupción del avión supuso no sólo que fueran muchos los desplazamientos, sino que también fueran más asequibles a las clases medias y bajas de grandes mercados emisores como Reino Unido, Alemania o Francia. Ya no hablamos de una élite que viaja por placer y formación, son obreros de fábricas de Manchester o Birmingham, funcionarios de Londres, que pasan unos días al año en destinos como Benidorm disfrutando del ocio, de la gastronomía, de una climatología agradable y cargando las pilas para el duro invierno. Además, estos municipios turísticos son polos emisores a su vez en su zona de influencia y concentran una oferta complementaria de tipo cultural, gastronómica o de ocio que logra ser un añadido cualitativo y cuantitativo a la economía local.

Como todo modelo, tanto turístico como de otro tipo, tiene sus puntos fuertes y débiles. No podemos pensar que ciudades como Benidorm no han evolucionado desde tiempos del alcalde Pedro Zaragoza porque el proyecto que diseñó en los años 60 sigue siendo en esencia lo que era, hacer que miles de “europeos del norte” disfruten de unas merecidas vacaciones una vez al año. A día de hoy, la oferta se adapta mejor a la demanda gracias a las nuevas tecnologías que nos permiten saber qué es lo que realmente quiere el turista y también podemos formar a las personas que atienden a esos viajeros para mejorar el servicio y las aptitudes del trabajador.

El valor añadido viene del hecho de que el modelo sigue vigente, que se renueva día a día, que evoluciona al mismo tiempo que lo hace la sociedad y se adapta a nuevas tecnologías, retos e, incluso, sueños de la gente. Mientras el dependiente de un supermercado de Bristol siga teniendo 15 días de vacaciones pagadas y tenga recursos económicos para hacerlo, seguirá eligiendo disfrutar de esos días en Benidorm, Peñíscola o Gandia, ¿alguien lo duda?

Luis Ángel Ruiz Cobo

Técnico Invat·tur

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